Recursos Orientación Educativa: Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Secundaria.

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miércoles, 16 de enero de 2013

ORIENTACIONES CELOS INFANTILES


Orientaciones para trabajar los CELOS INFANTILES entre HERMANOS.



No mostrar una conducta demasiado permisiva ante la conducta celosa, ya que así estamos manteniendo dicha conducta y enseñando al niño que podemos odiar o tener celos de los demás. Tampoco mostrar una conducta demasiado represora o mostrar demasiada atención, ya que podemos contribuir a prolongar la situación. Tampoco podemos permitir que el niño utilice sus celos para conseguir las cosas que él desea.


Escuchar al niño, permitiendo la expresión de sus emociones. Hacerle ver que se le comprende aunque le digamos que sus sentimientos son exagerados.


Evitar cualquier tipo de comentario sobre comparación entre hermanos, aunque se a de broma. Los padres no debieran manifestar, ni si quiera de broma, las preferencias por este/a o aquel/aquella hijo/a.


Evitar cualquier comparación o trato de favor o de preferencia hacia uno de los hijos. En ocasiones, se suele hacer por parte de los padres este trato de favor aunque de forma inconsciente pero los niños lo perciben con facilidad. 


Los niños celos suelen pensar o percibir que no son apreciados o queridos por sus padres. Es necesario hablar con él insistiéndole en decirle que le queremos, al igual que el hermano. Es necesario decirle explícitamente que le queremos.


Recordar al alumno historias o acontecimientos pasados en los que se le demuestre como le quieren sus padres; “el día en que le ayudaron a superar una dificultad, cuando se puso malo y lo llevaron al médico corriendo; cuando le hicieron un bonito regalo…”.


Así mismo, podemos hablar con el niño y contarles historias de cómo los llevábamos con nuestros hermanos cuando éramos pequeños, lo cual puede ayudarle a comprender mejora la situación.


Por otra parte, debemos educar a los hijos en que los afectos y el amor no los pueden tener de forma exclusiva, los padre quieren a ambos hijos por igual.


No son convenientes preguntas al niño del tipo: ¿cuánto quieres a papá…y a mamá?, ¿a quién quieres más?.


Hablar con el alumno continuamente y explicarle que cada persona tiene unas cualidades positivas y negativas. Así, su hermano tiene cosas negativas y otras positivas, igual que él. Resaltar siempre que se pueda los aspectos positivos de uno y de otro. Valorar las diferencias y fomentarlas.


Hablar con el niño mayor de las cualidades positivas del hermano menor. Así mismo, insistirle en las responsabilidades que tiene como hermano mayor: ha de cuidar, proteger y ayudar a su hermano.


También hablar con el niño de los privilegios que tiene ser el hermano mayor: será en primero en realizar muchas cosas y celebrar acontecimientos, podrá ayudar a su hermano, realizar ciertas actividades que por edad el hermano no puede, etc.


Así mismo, se le puede dar cierta responsabilidad o protagonismo respecto a los cuidados hacia el hermano pequeño, resaltando la importancia de su labor para la familia.


Hablar con el alumno en las ventajas de tener hermanos, con respecto a los niños que no tienen: pueden jugar con ellos, se pueden ayudar unos a otros, no estarán nunca solos, etc.


Es recomendable pasar más tiempo con el hijo celoso, planificando actividades conjuntas en las que participe o juegue tanto con el padre como con la madre. Tanto el padre como la madre han de procurar pasar el mismo tiempo con uno y con otro, no mostrando de esta forma ninguna preferencia por alguno de los dos.


La atención que reciban los hijos ha de ser simétrica, igual, tanto por parte del padre y de la madre, como por ejemplo de abuelos. En ocasiones hay niños más extrovertidos, simpáticos, cariñosos que suelen recibir mayor atención por parte de los padres y otros familiares, lo cual se ha de evitar compensando la atención que reciben.


Aumentar el tiempo de actividades y juegos conjuntos de la familia, es un buen método para mejorar la comunicación y establecer lazos.


Evitar ciertas situaciones que sabemos de antemano que pueden generar conflictos. Por ejemplo, si cada hermano tiene sus juguetes podemos evitar o enseñar a que el hermano pequeño no coja los del hermano grande.


Permitirles y enseñarles a resolver sus conflictos por ellos mismos, entre los hermanos. SI no consigue resolver el conflicto, no darle la razón a uno de ellos, sino tratarlos por igual.


Cuando el niño pequeño molesta o rompe las cosas del mayor, no disculparle por el simple hecho de que es pequeño, enseñarle también a asumir su responsabilidad.


Hay que recordar que las normas y los privilegios han de ser lo más parecidos entre hermanos, salvo excepciones.


Para modificar la conducta, tanto de uno como de otro, es conveniente utilizar las siguientes técnicas:


-          Extinción. En ocasiones la mala conducta corresponde a una necesidad de llamar nuestra atención. Es conveniente, ante conductas no graves, no prestar demasiado atención a las mimas, restando importancia. Si estamos demasiado encima del niño cuando realiza estas malas conductas tal vez estamos reforzando o propiciando que se den con más frecuencia.


-          La técnica anterior, se ha de combinar con el reforzamiento positivo ante cualquier conducta positiva o contraria a la que deseamos eliminar por pequeña que sea. Reforzamiento positivo es alabar al niño diciéndole que estamos muy contentos con él, muy orgullosos de lo que ha hecho (hay que explicitarle lo que ha hecho y por qué lo ha hecho bien), darle pequeños premios o recompensas no materiales por su buen comportamiento (por ejemplo, salir a la calle, al parque o realizar con él algún juego o actividad que le guste).


Hemos de tener en cuanta que gran parte de lo que los niños aprenden lo hacen por imitación de los adultos. No podemos esperar que nuestro hijo respete, colabore o ayude a su hermano, si no ve en nosotros o en personas del entorno cercano estas actitudes y valores.


Responder con tranquilidad a los episodios celosos, sin estridencias ni recriminaciones, comunicarle al niño nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención. Posteriormente, cuando se tranquilice, podemos intentar razonar lo ocurrido y darle la atención emocional. No obstante, razonar con el niño celoso no funcionará siempre. Debemos entender sus conductas como síntomas de un malestar y no desde la perspectiva adulta.


Educar en la afectividad, cooperación, ayuda entre hermanos y no en la competición.


Enseñar a los hermanos a prestar sus cosas, a ayudarse, a colaborar.


Todas estas orientaciones deben de ser llevadas a cado de forma conjunta y en la misma dirección, evitando contradicciones, tanto por el padre como por la madre, así como por otros familiares cercanos.


Normalmente, los celos infantiles sueles ser de tipo evolutivo y remitir progresivamente. Los celos irán desapareciendo con el tiempo, si cada hijo, sigue viendo que tiene un lugar único en el afecto de sus padres, y que los hermanos lejos de ser una amenaza, un rival, llegan a ser compañeros, amigos, en quien apoyarse y con quién compartir.


Cuando alteren la convivencia en casa de forma significativa, sean persistentes y alteren su rendimiento escolar y su estado anímico/de personalidad sería recomendable hablar con un psicólogo.